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sábado, 17 de septiembre de 2016

CANADÁ

Llevábamos 3 años detrás de nuestro objetivo, Canadá. Debido a circunstancias no pudimos realizarlo, todo de cara esta vez fuimos montando las piezas del viaje poco a poco con bastante tiempo, queríamos visitar ciudades, naturaleza y actividades. Economía sin renunciar a nada, transporte público, supermercados.. jugamos bien nuestras cartas..
El listón estaba en su punto más alto, Japón o Noruega en nuestra modesta opinión era algo insuperable.
Con ese pensamiento barajamos posibilidades, por lo menos para intentar igualar las experiencias aunque de antemano sabíamos que iba a ser cuanto menos tarea difícil, casi imposible..


2 Septiembre 2016

Todavía temprano debido a la reducción de horas durante el vuelo llegamos al aeropuerto Pearson Internacional de Toronto. Ordenadamente comenzamos a abandonar el angosto Boeing 787 800 de Air Canadá excesivamente pequeño para un vuelo transoceánico que casi obliga a tomar algún remedio para ayudar a la circulación de las piernas.
25 minutos tarda en recorrer el tren expreso (UP Express), los 35 kilómetros que separan el aeropuerto de la estación de la Unión en el downtown de la bulliciosa ciudad de Toronto, que a esas horas hervía frenéticamente entre el denso tráfico y los peatones en las calles..
El intenso calor podía sorprender dadas las fechas y el frío extremo que aquí se sufre en invierno. Hasta 35 grados bajo cero.
Imponente la Torre CN, visible desde toda la capital económica de Canadá aunque oficialmente esta sea Ottawa. Comenzamos a caminar hacia nuestro hotel por larguísimas y céntricas avenidas entre altos edificios de hasta 70 pisos como el Trump Tower, uno de los más altos de la ciudad.
Los rayos de sol se reflejaban en los cristales de los rascacielos y el efecto espejo intensificaba el calor en el interior de las calles.


Nuestro alojamiento, un discreto hotel que cubría suficientemente nuestras necesidades, se encontraba no muy lejos junto a parte del campus universitario extendido este por toda la ciudad y que en estos días se celebraba el comienzo de curso con música y los tradicionales puestos dónde los alumnos tratan de captar a otros estudiantes para sus clubs/residencias de hermandades o actividades extra escolares. Conseguimos atravesar esa marea de estudiantes y por fin llegamos al hotel.
Tras descansar salimos hacer el primer contacto con la ciudad, uno de mis momentos preferidos. Dirigiéndonos por Wellesley y Yonge St, la calle más animada de Toronto hacia Bay con Queen St, dónde se encuentra el viejo y nuevo Ayuntamiento, el famoso cartel de Toronto con sus letras de colores miles de veces fotografiada cada noche. Docenas de nacionalidades disparaban sus flases hacia el mismo sitio en un orden casi perfecto.


Caminamos por Dundas St, unos asiáticos organizaban minuciosamente filas de futuros clientes que esperaban pacientemente acceder a lo que parecían restaurantes de moda en esos momentos casi obstaculizando el tránsito de peatones en las aceras. Una música nos desvió la atención hacia Yonge Square, una céntrica plaza rodeada de neones publicitarios y pantallas gigantes de televisión al estilo de Time Square de Nueva York. Repleta de gente en su mayoría de color escuchaban atentamente a un famoso cantante y DJ internacional que enseguida reconocimos. Casi todas las noches parece ser se celebra un evento en este lugar, zona cero comercial y de ambiente en la ciudad.
Decidimos disfrutar de la música un buen rato y observar a la gente, entre ellos varios jóvenes empujando un carrito sobre el que llevaban una enorme olla repleta de una sopa que repartían gratuitamente entre los asistentes dando un ambiente cordial y agradable a la noche.
A a la mañana siguiente caminamos por Spadina Road observando parte del campus de la Universidad ocupada por los típicos autobuses amarillos escolares y viejos enladrillados edificios victorianos..


hacia la famosa Casa Loma, pequeño castillo-mansión propiedad de un ilustre personaje torontiano quien fundó el sistema de electricidad en Toronto. Merece la pena su visita exterior y las magnificas vistas desde el lugar.
Continuamos en el ROM, Museo de Historia Natural de Ontario, animales conservados, esqueletos fosilizados de dinosaurios y otras exposiciones lo ocupan.
Pronto se hizo la hora de comer y que mejor sitio que acercarnos al mercado St. Lawrence, toda una institución en Canadá. National Geographic lo destaca como uno de los mejores mercados del mundo. Rebosante de vida y frenética actividad, puestos de carnes como bisonte, alce, pescados.. se mezclan con pequeños restaurantes de pasta, marisco u otros a los que se puede comer allí mismo, en unos minúsculas mesitas en mitad del pasillo dónde una marea de personas nos rodeaba intentando probar las muestras de productos que se ofrecen en casi cada puesto.
Se dice que los mejores chef de Toronto compran aquí.
Él calor en el exterior era intenso, el sol abrasaba, unos círculos en el cielo despejado llamó nuestra atención, unos aviones militares dibujaban formas en el cielo.
La gente se agolpaba frente al lago Ontario como espectadores de la exhibición de aviones qué aterrizaban y despegaban en el pequeño y curioso aeropuerto de Toronto city situado frente al skyline y la isla de Toronto.
Paseamos por el bonito paseo Harbor Square Park, dónde los niños corrían detrás de las ardillas que pueden observarse por toda la ciudad.. con la mirada puesta en las tranquilas aguas que de vez en cuando se agitaban al paso de una alguna pequeña embarcación...Nos dirigimos por Water front trail, Queens Quay hacia la amplia y larga avenida Spadina en la zona Oeste de dowtown, atravesando China town, la comunidad china mas grande de Canadá, atestada de sórdidos negocios que no invitaban a su visita. Multitud de restaurantes, algunos de aspecto poco higiénico pero delicioso género según los críticos..






Llegamos a nuestro destino, kesington market. No es un mercado propiamente dicho sino una zona comprendida entre Espadina Ave- College St y Dundas St. Ambiente hippie, tiendas de ropa nueva y usada, pubs con licores y cervezas artesanas, arte urbano y calles cuidadosamente decoradas. Actuaciones de música en vivo brotan en cada esquina, más la diversidad de su gente siempre amistosa y con ganas de charlar le da un toque siempre festivo cada noche a este barrio.



Anochecía y qué mejor momento para subir a la CN Tower situada en el llamado distrito del entretenimiento junto al Roger Center, estadio de béisbol de los Blue Jays el equipo de la ciudad.


De 550 metros de altura aproximadamente es la quinta torre más alta del mundo, se dice que desde ella y en de un día claro puede divisarse la nube de agua que provocan las cataratas del Niágara a 130 km de distancia.
Aunque en mi opinión..- El observatorio está demasiado alto para disfrutar de las vistas de la ciudad, sustenta bastante tiempo de espera para acceder y elevado precio..

Eran las 8:45, un goteo de viajeros entraban cargados de maletas en la vieja y pequeña estación de autobuses Greyhound, situada entre Dundas St y Bay St, dónde parten y llegan incesantemente decenas de autobuses desde y hacia muchas partes de Canadá y Estados Unidos.
La pantalla del viejo monitor indicaba la próxima salida de nuestro autobús de la empresa Coach Canadá que puntualmente partió hacia nuestro destino, Niágara.
130 kilómetros rodeando el lago Ontario por su vertiente Suroeste hasta llegar a la pequeña población de Niágara. No confundir con la maraña de hoteles, casinos, capillas, restaurantes y otras atracciones situadas frente a las Cataratas.
Calles atestadas de gente casi imposible de sortear..Un lucrativo negocio.
El tramo desde la pequeña estación de autobuses hasta este pseudo-parque nacional era bastante agradable. Casitas con jardín se alineaban frente al río Niágara, pronto empezamos a escuchar lejano el estruendo de agua al caer. El río parecía nacer de la herradura que forman las caídas compartidas entre Canadá y Estados Unidos. El sofocante calor hacía que la enorme fila para coger el ferry que nos llevaría hasta las entrañas de la misma catarata se eternizase por momentos, pero mereció la pena.
Los 5 motores casi eran incapaces de empujar al barco dada la enorme fuerza del agua. Dos barcos, uno americano y otro canadiense se alternaban para adentrarse en la catarata..



Se agradecía la fina ducha de agua que recibíamos en oleadas, el estruendo y la caída prácticamente encima de nosotros mostraban un espectáculo increíble..
Teníamos comida preparada, un cuidado césped nos hizo de mantel improvisado para nuestro picnic a la sombra de un gran árbol desde donde observamos la variopinta cantidad de visitantes, muchos de ellos de matrícula estadounidense que habían cruzado con sus vehículos por la aduana atravesando desde Estados Unidos el puente de Rainbow Bridge..
Mas tarde..
Nos situamos encima de la cascada junto al abarrotado centro de interpretación, desde las grandes ventanas de su segunda planta se podía observar una vieja hidroeléctrica que en otra época abasteció de luz a toda la ciudad de Toronto, ahora abandonada.



Las gaviotas se remolinaban encima del agua observando a los turistas peleando por un hueco en el balcón desde donde disparar sus cámaras de fotos.

De vuelta en Toronto..
El volumen de la música del concierto de esa noche en Yonge Square dificultaba la conversación desde la terraza del Hard Rock Café, donde celebrábamos el cumpleaños con unas buena cena y unas cervezas....

Día 5 de septiembre.
Día del Trabajo. Festivo en Canadá, una auténtica marea de personas bajaban por todas las calles del centro hacia un mismo destino..Jack Layton ferry terminal, con la intención de disfrutar del soleado y caluroso día festivo en la Isla de Toronto y sus playas. Así que para integrarnos como dos canadienses mas, es lo que hicimos...


Un auténtico oasis pegado a la ciudad y bañado por las tranquilas aguas del lago Ontario, enormes praderas de césped, lagos interiores, casas de verano y playas.. Recorrimos gran parte de la isla,
atardecía y el sol se reflejaba en el agua dándole un color dorado, la gente abandonaba la isla y la tranquilidad y el silencio reinaban en la ya desierta playa. Momento para disfrutar paseando con los pies en el agua dulce. Se hizo noche cerrada y la nula iluminación en la isla hacía imposible la orientación, solo algunos rezagados delante y detrás de nosotros nos indicaba el camino correcto. Los grillos rompían el silencio, pequeñas culebras salían del césped al calor del asfalto y sobresaltaba nuestros pasos..




    Llegamos al muelle y allí iluminado estaba... Él imponente skyline de la ciudad!          

La mañana era fresca caminando por Bloor St hacia la franquicia de alquiler de vehículos donde teníamos reserva.
A las 8 con una puntualidad británica salimos circulando del recinto por las calles de Toronto hacia el norte, mientras me concentraba en el cambio automático y en las indicaciones de mi GPS entre la tela de araña que son las calles de esta gran urbe. Visiblemente emocionados por llegar a nuestro ansiado destino, el Parque Nacional Algonquin..uno de los más extensos del país con 7653 kilómetros cuadrados, más de 2400 lagos formados por glaciares, entre su fauna se encuentran osos, marmotas, castores, armiños y como no el animal por excelencia, el Alce.



Tras aproximadamente 279 km por la carretera 60, entramos entre frondosos bosques de abetos, pinos y cipreses. Un gran cartel nos indicaba la entrada al Parque Nacional, no muy lejos se encontraba el puesto de información de la entrada Oeste donde se adquieren los permisos para acampar y aparcar los vehículos, ticket que hay que poner bien visible en el parabrisas.
14 kilómetros después, llegamos a un desvío donde un cartel rezaba.."The Portage Store", el lugar que habíamos escogido a las orillas de Canoe Lake, uno de los lagos más grandes y bonitos del Parque Nacional. Allí íbamos a alquilar una canoa canadiense. El lugar era increíble, un enorme lago de agua efecto espejo, salpicada de islotes, rodeada de un frondoso bosque de abetos y arces con sus hojas en tornándose ya en color rojo icono de Canadá. Montamos en el bote y tras el empujón comenzamos a dar nuestros primeros remos absurdos hasta que tomamos dirección al centro del lago, indescriptible la sensación, la satisfacción de estar navegando en uno de los lugares más bellos del mundo.









Unión station. 9:00 de la mañana,
Una voz casi gutural anunció la próxima salida del tren de Vía Rail dirección a Montreal con alguna parada rápida en otras localidades. Era un viejo tren aunque sorprendentemente confortable, espacioso y limpio pero bastante lento.. perfecto para disfrutar del bonito paisaje. Se presentó el asistente de nuestro vagón en un perfecto castellano aprendido como monitor de ocio en cruceros por el Mediterráneo, lo demostró con pequeños espectáculos de magia que entusiasmaron a los pasajeros.
Llegamos a Gare centrale, la estación de tren de Montreal, ciudad francófona.
Esta estación comunica o esta enlazada con los Path de la ciudad..Los Pahts son túneles peatonales subterráneos que recorren la ciudad, decenas de ellos equipados por tiendas, restaurantes, supermercados, Cines y que enlazan con los más importantes edificios de la ciudad con el objeto de no tener que salir a la calle durante el frío invierno que cubre todo con metros de nieve.
Salimos al exterior en zona anglofona, en el llamado 'barrio de los espectáculos dónde teníamos nuestro apartamento.

Eran las 18:00,
demasiado tarde para comprar así que salimos a descubrir la ciudad hacia Vieux Montreal, antes atravesando las grandes puertas de entrada a Chinatown de Montreal donadas por el gobierno chino.
Entramos en zona francófona, edificios de estilo francés, visitando la iglesia de Notre Dame, copia a la de París (de pago), Champs du mars con su Ayuntamiento, la Plaza de Armas, el antiguo mercado, los decepcionantes y viejos muelles a la orilla del río San Lorenzo frente a la isla de la Expo del 67..






Cenamos en un restaurante en rue Saint-Paul plagado de ellos...en la provincia de Quebec (En restaurantes y hosteleria en general suman dos tasas a la cuenta, una ya existente en todo Canadá más otra que aún siendo una cantidad mínima ésta no sale reflejada y a de ser calculada por uno mismo.)
Teníamos ganas de naturaleza así que a la mañana siguiente visitamos Mont Royal o como es conocido aquí la "montaña". Más de 200 hectáreas de bosque dentro de la ciudad, desde su punto más elevado un Mirador muestra las mejores vistas de Montreal y alrededores..




El frondoso bosque hacía refrescar la temperatura hasta en 5 grados aproximadamente, la humedad lo cubría todo incluso después de bastantes días sin llover. En su parte media se encuentra el lago de los castores, aunque estos no cuentan entre su fauna..sí, marmotas, mapaches, ardillas comunes, ratones de campo y multitud de aves.. todo un respiro de aire fresco para el ajetreo de la ciudad. Muchos montrealinos lo visitan a diario para relajarse, hacer deporte, pasear..





Junto a la montaña se encuentra la zona anglófona más marcada donde realmente la ciudad emerge y la vida diaria transcurre entre sus calles, los pocos rascacielos se encuentran en ellas. Rue Sainte- Catherine una de las más largas y comerciales avenidas de Montreal que enlaza su parte oeste más comercial con su zona media exclusivamente de espectáculos..cines, cabarets, salas de conciertos, pubs y al esté con la Place des Arts y el barrio gay donde en época estival y casi por sorpresa puedes encontrar festivales en cualquiera de sus calles, como la fiesta de fin de verano que encontramos por la noche en Boulevard Saint Laurent, varios escenarios cortaban la vía por los dos puntos.. música alternativa, DJs, rock sonaban por toda la zona.
Muy cerca, una bandera multicolor anunciaba la zona gay de la ciudad, adornada con miles de globos rosas que tapizaban el techo de la calle.
Mareas de adolescentes acudían en masa hacia el festival.. pronto el frío, los metros de nieve y el duro invierno los mantendrán en sus domicilios.

De nuevo tomamos el Via Rail,
el tren dirección esta vez a Quebec, la capital de la provincia, declarada su zona antigua del siglo XVIII como patrimonio de la humanidad, teníamos muchas ganas de conocer esta vieja y bella ciudad de la que tanto habíamos oído hablar..
Salimos de la estación de tren de Palais, con aspecto de pequeño aeropuerto situado en las orillas del comienzo de la desembocadura del río San Lorenzo en el golfo del mismo nombre.




La tarde era oscura y fresca, un cielo nublado le daba una imagen de gran belleza ala gran colina dónde se encuentra el Castillo de chateau Frontenac, hoy en día un majestuoso hotel no apto para cualquier bolsillo. Observábamos las antiguas casas oscuras por la humedad y el paso del tiempo desde la época de la colonización francesa, dejamos atrás el Hôtel de Dieu Quebec, el hospital más antiguo del Norte América.  Tomamos rue Saint-Jean, una de las calles principales y comerciales del Vieux Quebec hasta llegar a las fortificaciones, junto al parque de l'esplanade un pequeño parking hacía de parada a media docena de viejos carruajes en espera de ser alquilados, frente a ellos se encontraba Rue Sainte Anne, allí teníamos nuestro apartamento en un edificio histórico situado en la zona más bella y auténtica de Quebec todo un lujazo.
Nadie nos esperaba, marcamos un código y las puertas se abrieron.
"Hay veces que visitas una ciudad y encuentras tú rincón favorito.. acogedor, bonitas vistas, un lugar romántico, cumple algún significado"...todos esos requisitos los cumplía...' Le parc du bastión de la reina', un precioso, pequeño y cuidado jardín junto a la ciudadela. Era completamente de noche, las nubes ocultaban la luna y una tímida lluvia no impedía quedarte boquiabierto ante la belleza de la vieja y poco iluminada ciudad..
Una fuerte sirena anunciaba la llegada al puerto de un enorme crucero alterando así el silencio de esta tranquila parte de la ciudad, al otro lado del caudaloso río unas lejanas y tintineantes luces situaba la pequeña localidad de Levis.




Uno de los puntos más altos de Quebec donde se puede observar la ciudad antigua con sus cúpulas verdes iluminadas, el chateau Frontenac, el río San Lorenzo hasta la Ile d'Orleans.
Los Quebequenses orgullosos y nostálgicos con su pasado francés el 90% tiene su como primera y única lengua el francés.




Una ciudad para pasear.. sus grandes espacios verdes, Cap Blanc, ciudadela, callejear por Sainte Anne, Saint Paul, visitar la Basílica de Notre Dame de Quebec, convento de las Ursulinas, la catedral de Santa Trinidad, el Ayuntamiento, recorrer la preciosa terraza Dufferin, el lugar más fotografiado de Quebec. Tomar el funicular u optar bajar caminando por las empinadas escaleras hasta la plaza Royale, el pequeño barrio de Quartier Petit Champlain, lleno de tiendas y restaurantes de época. Probar las tradicionales y exquisitas lenguas de castor, (Queue de castor) situado en Boulevard Champlain, frente a los muelles dónde atracan los grandes cruceros y el barco de excursiones que visita la isla de Orleans y el Golfo de San Lorenzo en busca de ballenas.






Las tenues luces amarillas de las calles iluminaban insuficientemente la noche cerrada y de nuevo el cielo comenzaba a encapotarse con grandes nubes grises de tormenta, sorprendentemente el ambiente era cálido en diferencia en las noches anteriores. Adelantamos la vuelta a casa mientras un viento frío comenzó a desgastar las nubes. El olor a humedad lo impregnaba todo y aparecieron relámpagos en el horizonte, extendiéndose poco a poco por todo el cielo. Algunas grandes gotas caían aisladas mientras abríamos las grandes y pesadas puertas de madera de nuestro viejo edificio del siglo XIX, las explosiones de luz en el cielo se veían reflejadas en el techo de nuestro dormitorio, los segundos entre cada trueno indicaban la cercanía de la tormenta. Cuando el cielo rompió a llover, cada vez más hasta producir un fuerte estruendo.
El agua comenzó a bajar por las calles formando pequeños ríos..Me acosté, el silencio sólo era alterado por los débiles truenos que ya se alejaban en la distancia, el sonido del agua me relajaba, cerré los ojos....


Sorprendentemente el día siguiente salió con el cielo limpio y despejado, la mañana era fresca pero el sol calentaría el día. Esperábamos el bus azul de la línea 800 que no tardó en llegar, tomó dirección a Beauport, bonito y tranquilo pueblo a las afueras de Quebec.
Tras algo más de media hora llegamos a final de linea, el amable conductor nos indicó el camino a tomar..el sonido de agua ya se apreciaba, una espesa vegetación escondía la pasarela colgante sobre el la catarata Montmorency de 83 metros de altura, 30 metros más alta que las del Niágara.


Unas escaleras de madera bajan hasta la base de la caída con unos miradores por el camino, un paseo agradable y refrescante en el verano.. En invierno está se congela, se forma una pequeña montaña de nieve y hielo en su base llamada 'Pan de Azúcar'. Así que cualquier época es buena para disfrutarla espectacular.




Esa misma noche terminamos en el lugar donde comenzamos.. 'El parque del bastión de la reina', mi rincón favorito de Quebec.. Esta vez el cielo despejado mostraba todo su esplendor, una gran luna iluminaba el río San Lorenzo, nos apostamos sobre un pequeño murete y observamos por última vez el bello y viejo Quebec.


Un pequeño avión DHC 8-400 de hélices nos trasladó de nuevo a Toronto.
Seguía haciendo muchísimo calor en la ciudad, está vez empapelada con unas iniciales..."TIFF" en naranja, significaba Toronto International Film Festival, que se celebran esos días, una marea de estrellas de Hollywood lo visitan promocionando sus películas sobre las alfombras rojas que adornaban todo el centro..
Aprovechando esto..un set de rodaje repetía una y otra vez sin descanso una corta escena en el cruce de Church con Front St...


De nuevo llegamos a nuestro primer alojamiento en Canadá y tras cambiarnos de ropa decidimos pasar nuestro último día en la isla de Toronto y aprovechar el calor en las playas, esta vez muy tranquilas. Las solitarias torres de vigilancia con ausencia de esta indicaban ya el final del verano..Algunas parejas y otras personas solitarias disfrutaban el sol en sus toallas, en el agua solo algunos sky surfistas aprovechando la brisa para desplazarse rápidamente..










Oscurecía y la falta de luz en la isla nos hizo acelerar la marcha entre los angostos y oscuros caminos. Algunas casas iluminadas mostraban su interior..llegamos al otro lado de la isla y ahí estaba de nuevo el Skyline, nos sentamos en un banco estratégicamente colocado hacia el magnífico espectáculo de luces.
Ahí estábamos sentados en el banco que portaba una pequeña chapita con una romántica dedicatoria de alguien al amor de su vida...nos miramos y permanecimos en silencio....




viernes, 15 de abril de 2016

CIRCULO POLAR ÁRTICO

Después de nuestro anterior viaje a Noruega en el año 2014, Stavanger y sus fiordos nos mostraron su belleza y descubrimos el deseo de volver y disfrutar de una aventura en el norte más extremo de Noruega dentro del círculo polar ártico. El gusto por los países escandinavos y su naturaleza nos haría recorrer el  camino hacia el fin de la península Europea o parte más septentrional de Europa, dónde el tiempo es extremo y caprichoso. Bañado por fiordos, lagos y los mares de Noruega, del Norte y Barents. El destino final y nuestro pequeño reto aún sufriendo los posibles inclemencias del tiempo será Cabo Norte, los kilómetros, el frío, el viento y la nieve no hará desistir en nuestro empeño por conseguir llegar a este pedazo de tierra situada a 71°10' 21" de latitud.

8 de abril 2016

Volamos por primera vez con la aerolínea Noruega que muestra la imagen de sus personajes más ilustres en la cola del avión.
Tras una mínima escala en Oslo, continuamos hacía el norte.
Las vistas por la ventanilla comenzaron a cambiar radicalmente, el interior por la costa salpicada de islas totalmente cubiertas de nieve y enlazadas unas con otras con cientos de largos puentes y espirales e interminables carreteras. Algunos lagos continuaban helados totalmente, recordando el gélido invierno que parece no abandonar nunca estas tierras.
El efecto del sol escondiéndose en el horizonte y reflejado en el mar, daba una belleza incomparable al hueco de las pequeñas ventanas del 737 800 que ya descendía preparándose para tomar tierra en el pequeño aeropuerto de Tromsø.
Bajamos las escalerillas, el aire fresco nos sentó de maravilla, un frío agradable.
Medio minuto tardamos en cruzar este bonito y pequeño aeropuerto sin oficina de cambio.
Accedimos al autobús de flybussen que salió puntualmente hacia el centro en un corto trayecto que curiosamente recorre túneles subterráneos con varias rotondas en el interior completamente hueco de la montaña donde se asienta en la isla de Tromsø. La salida del túnel está prácticamente en el centro de la ciudad..restos de nieve se derretían lentamente en las aceras..Él conductor comenzó a gritar nombres de hoteles que se situaban en las mismas calles entre ellos el nuestro..

El empleado del hotel nos acompañó por el estrecho callejón hasta nuestro apartamento que habíamos reservado por varios días.
Tromsø ..Región de Nord-Norgue, séptima ciudad más grande de Noruega y segunda de Laponia. Asentada en la isla de Tromsøya aunque se extiende entre la península e islas.
Oscurecía, el frío se intensificaba aunque no era excesivo. Él silencio y la calma inundaban las oscuras y desiertas calles de Tromsø.
Alguna persona las transitaban con paso decidido, no era tarde pero la ciudad ya hacía su vida rutinaria en el interior de las casas. Paseamos por varias calles del centro..grønnegata, Storgata (calle peatonal y comercial) y aledaños dónde se encuentra la oficina de turismo, la iglesia de la diócesis y los muelles donde se puede disfrutar de las mejores vistas nocturnas de Tromsøbrúa Bridge, su Puente, la catedral del Ártico iluminada de bonitos colores situada en Tromsdalem, el barrio al otro lado del fiordo, asentado entre dos montañas. El cielo algo nuboso no invitaba a las auroras pero sería el lugar perfecto para el espectáculo.
El siguiente día teníamos visita obligada al supermercado para a continuación cruzar el puente, visitar la catedral del Ártico, el cable car y polaria que no precisa mayor notoriedad.

Tromsø Ciudad universitaria, los rumores dicen que destaca por su ambiente nocturno en fin de semana..salimos a comprobarlo a uno de los locales de moda en estos momentos.
El graznido de las gaviotas nos despertó muy temprano eran las 3:30 de la madrugada cuándo amanece en esta época del año. Preparamos las mochilas y tras abandonar nuestro apartamento nos dirigimos hacia el aeropuerto. Recogimos nuestro vehículo de alquiler, cargamos nuestro pequeño equipaje y salimos a recorrer los 430 kilómetros que separan Tromsø de la pequeña comunidad, parte de la cercana localidad de Alta, en la provincia de Finnmark.

El el día era claro y despejado, buenas condiciones para la conducción y la carretera E8 estaba limpia y despejada de nieve de momento.. la máxima velocidad permitida es de 90 kilómetros por hora. Cruzamos el Tromsøbrúa Bridge y salimos de la ciudad bordeando el mar, dejándolo a un lado y descubriendo otras lenguas de lagos y fiordos que también recorreríamos una y otra vez.
El recorrido era de una belleza infinita, el agua tranquila y transparente hacia un efecto de espejo donde se reflejaban las nevadas montañas. Las casitas de pescadores pintadas de colores fuertes destacaban en la nieve y salpicaban las orillas de lagos y fiordos. Junto a ellas se pueden observar unos bastidores de madera dónde se seca el bacalao que durante los meses de febrero a abril este pescado se acerca a la costa para desovar, este es el comienzo de la temporada de pesca, después se mantienen durante tres meses secándose al aire libre..


Tras una breve parada para comer continuamos entrando ya en la provincia de Finnmark- Norland, parte más alta, la llamada Laponia Noruega. Comenzamos a subir hacia la parte  mas alta de las montañas, la nieve lo cubría todo incluso la carretera la cual ya apenas se apreciaba, las ruedas de clavos hacían excelentemente su trabajo, una ventisca de nieve golpeaba el parabrisas y rebotaba sin dejar apenas marcas debido a su consistencias, incluso cubría por completo la capa de hielo de los lagos.

Señales de tráfico indicaban la posible presencia de renos y alces que inesperadamente pudiesen ocupar la calzada, llegaba la temporada en la que emigran desde la montaña a la costa.
Unos 400 kilómetros y unas 6 horas después llegamos a la provincia de Alta, cruzamos varios largos puentes y otros túneles en la E6 y continuamos por la carretera 93 ya en dirección a Gargía, está carretera transitaba entre los Alpes escandinavos y frondosos bosques, algunas tiendas Sami..hogar de los últimos indígenas de rasgos esquimales, (se dice que existen unos 70.000 en Noruega) observan impunemente el paso del tiempo.
Algún aullido de lobos árticos rompía el silencio desde alguna parte en esta inmensa e interminable naturaleza.
Llegamos a Gargia Fjellstue, lugar de descanso entre las montañas donde nos esperaba la gerente de habla castellana en la recepción. Oscurecía mientras nos dirigíamos hacia nuestra cabaña.. alucinados por el magnífico entorno, todo era perfecto, el bosque cubierto de nieve, una granja de huskyes, sus trineos, nuestra bonita cálida y acogedora cabaña de madera.


La modesta cabaña contaba con baño y una reducida estancia con dos camas una mesa y una pequeña cocina. Eran las 22:00 de la noche, el frío era intenso en el exterior, el cielo estaba oscuro, encapotado y comenzó a nevar. En el interior un pequeño radiador le daba calidez a nuestro pequeño hogar. Cenamos y tras preparar las cámaras fotográficas, trípodes y demás accesorios nos acostamos... algún aullido aislado y el sofocante calor que se había acumulado me despertó en plena madrugada, salí fuera y la nevada se había intensificado. Algún perro aullaba inquieto, apagué el radiador y volví a la cama.
Al día siguiente eran las 6:00 y ya estamos desayunando, cogimos el coche rumbo a Honningsvag, la ciudad más septentrional de Noruega, situada en una pequeña bahía en la isla de Magerøya, punto de partida hacia nuestro objetivo, el globo terráqueo de Nordkapp, a unos 200 kilómetros de alta la carretera iba discurriendo plácidamente junto al mar, una señal nos indicó un túnel descendente de casi 7 kilómetros de distancia, es el túnel que transcurre por debajo del mar y que unen Magerøya, la isla más al norte de Noruega bañada por el mar de Barents, frente a ella solo quedan las islas de Svalbard y el casquete polar.


Llegamos a Honningsvag, antiguo pueblo pescador.. hoy además es punto turístico para cientos de cruceros que atracan al año y punto de partida del convoy que diariamente y si el tiempo lo permite sube hasta el centro de interpretación de Nordkapp y que hasta bien entrada la primavera un quita nieves abre el camino. Dejamos el coche en la oficina de turismo y accedimos al autobús azul de línea, a las 11:00 comenzamos el ascenso por angostas carreteras cubiertas por metros y metros de nieve, el quita nieves subía a buen ritmo y detrás de nosotros otros dos autobuses que habían recogido turistas de un crucero de Hurtigruten, compañía naviera Noruega. Llegamos a nuestro ansiado objetivo, bajamos del autobús con paso decidido casi haciendo marcha,  detrás de nosotros la estampida de turistas alemanes dispuestos a robar las mejores fotos, pero ya estábamos allí y empezamos a disparar.


Un sol brillante pronto cambió por unas amenazantes nubes oscuras.. comenzó a nevar y un frío viento soplaba en todas las direcciones. Se creó rápidamente una gran ventisca. Los pocos segundos que costaba tomar una instantánea hacía congelar literalmente las manos sin los guantes.
El globo terráqueo: Estático icono, fin de miles de aventuras, estaba en nuestras manos, también allí se encuentran las esculturas conmemorativas de "los niños del mundo" y sus monedas que fueron diseñadas por 7 niños de distintas nacionalidades del mundo que visitaron el lugar. También existe un centro de interpretación con su cafetería, Museo, tienda de souvenirs y cine dónde se visiona el lugar en distintas épocas del año.
Aparte de lo que puede significar en el mapa y sobre todo en el interior de cada persona que llega aquí, el lugar es de una belleza como pocos lugares en el mundo..El mar embravecido rompiendo contra los enormes acantilados, pájaros de un sinfín de especies que solo aquí se pueden observar, el cielo más azul que se puede imaginar y el inquietante clima extremo que cambia en cualquier momento.
De nuevo en Honningsvag no podíamos marcharnos sin visitar el ICE BAR, el bar de hielo más septentrional del mundo, regentado por una pareja española encantadora y su perro "Lonchas" un enorme y tranquilo Alaska Malamute que forma parte de la familia que un día se liaron la manta a la cabeza y lo dejaron todo en España para cumplir su sueño. Ahora su ICE BAR es referencia no sólo en Honningsvag, sino en todo Finnmark.

Nevaba de nuevo cuándo volvíamos hacia Alta, pero se aclaró el cielo e incluso el sol apareció entre las nubes cuando de repente observé por la ventanilla..dí un respingo en el asiento, paré el coche en la orilla de la carretera, salimos y nos acercamos con emoción.. estábamos a tan sólo unos pocos metros de un gran número de renos en la orilla del mar. Animales salvajes en libertad, nos observaban como nosotros a ellos hasta que comenzaron a ascender hasta la carretera cruzándola y subiendo hacia alta montaña. Contentos por haber vivido esta experiencia, nos dejamos llevar por los sentidos.. la olor del mar, el sonido del agua rompiendo en la playa de desgastadas piedras, el tacto de su fresca agua, la visión del mar en un azul intenso que se mezclaba con el azul oscuro del cielo y que parecía no tener fin..


Continuamos nuestro viaje.. entramos en Alta, municipio y ciudad de Finnmark de unos 20.000 habitantes rodeando el fiordo de Altafjorden que desemboca en el municipio y observamos la curiosa arquitectura de su catedral del Ártico.

Oscurecía cuando ya transitábamos entre el frondoso bosque camino a nuestra cabaña..
Saludamos a los perros que enseguida se excitaron pensando en un nuevo rato de diversión mirándonos con los ojos bicolor con una expresión entre curiosidad y alegría.
El pronóstico de esa noche era frío intenso con nubes y claros...de verdad intenté mantenerme despierto, con la cámara y el trípode preparados. Salí al exterior brevemente durante varias veces pero la temperatura bajo cero me lo impidia. Me dispuse sentado en una silla frente a una pequeña ventana mirando hacia el exterior al cielo con gran ilusión pero las luces no aparecían en el cielo y el sueño empezó a afectarme.. conclusión, quedé dormido sentado en la silla hasta que la luz del amanecer me despertó. Esta vez no iba a ser posible.

Al día siguiente abandonamos con pena nuestra modesta cabaña en el lugar más auténtico que hemos podido vivir en Noruega, nos despedimos de los perros mientras les daban su ración de desayuno
y marchamos de nuevo hacia Tromsdalem, castigada en esos momentos por una gran tormenta de nieve y no era fácil la circulación,  me coloqué prudencialmente a unos metros detrás de un camión que habría el camino dado la falta de visibilidad que había ya en la entrada de Tromsø.
La ciudad parecía totalmente distinta a la que conocimos anteriormente, una gran capa de nieve cubría la isla por completo.

Recogimos las llaves de nuestro nuevo apartamento dejando el equipaje y devolvimos el coche en el que habíamos pasado tantas horas.
Paseamos con dificultad entre la nieve.. casi hacían falta crampones para andar por las calles.. no dejaba de nevar, era nuestra despedida..todo estaba más bonito, la ciudad a esas horas estaba en calma absoluta solo el crujido de nuestras pisadas sobre la nieve rompía ese silencio.
Los vehículos aparcados estaban cubiertos por completo y formaban extrañas figuras,

nuestra mirada como no se nos desviaba hacia el cielo, alguna estrella más brillante que nunca escapaba de las nubes y se asomaba curiosa entre los huecos de éstas. Una lástima no haber podido disfrutar de la presencia de auroras boreales, no siempre puede ser y sabíamos asumirlo.
No obstante estamos contentos de haber llenado nuestras mochilas con un millón de imágenes increíbles, lugares muy expectaculares, de una naturaleza vibrante, infinita, de un clima caprichoso, de unas experiencias inigualables...en uno de los países mas bellos del mundo..todavía no cerrado para nosotros...